miércoles, 25 de noviembre de 2015

Ellos, como las golondrinas, siempre regresan.

Retomo el blog con este poema a manos de @Gatoriginal (cursiva) y yo; haciendo arte, con ayuda de un artista. Gracias por colaborar, chico. 
Pasaros por su perfil de twitter, escribe tan bonito que yo aún intento recuperarme de ese primer flechazo que tuve por sus letras. 

Y deciros que sí, sigo viva, con más rimas que nunca. Que empiece la revolución. 


Ella,
tan fría, sola y evasiva. 
Ella,
tan triste, bella y adictiva.

Él,
en busca de calor,
de una nueva droga de la que
depender.

Ellos,
ambos corazones con heridas
los dos buscando cicatrizar
sus almas descosidas. 

Perdidos
desorientados
sin norte,
sin necesidad de encontrarlo. 
Unidos, por la casuística
de un satélite sin órbita
cruzando
sus espacios. 

Y separados por el fino canto
que une las dos caras de una moneda. 
Conscientes, impasibles, invisibles,
inalcanzables. 

El hilo que nadie se atreve a cortar
la tensión estable
que desequilibra ambos
cuerpos
ansiosos
por colisionar. 

Él, fuego que llama su atención. 
Ella, con su frío intenso y desolador. 
Condenados a matarse en su unión,
asesinos de su misma condición. 

Silenciosos corderos
lobos hambrientos
en este paraje
que son sus vidas. 
Tanto caos,
tanta pasión;
se besan
y estalla
la guerra. 

Se odian y se aman.
Su lujuria se combina con amor. 
Se dejan marcas en la espalda. 
A ratos mal, después peor. 
Saboreando en sus besos algo mejor. 

La ropa a pedazos
se olvidan del dolor. 
Son uno en la cama,
el cielo y el infierno
hecho personas. 

Y pasan las horas
y el mundo se activa,
al otro lado de la ventana
ya clarea el día. 

Mas la noche
la llevan por dentro. 
Estrellas en sus ojos,
y la luna
haciendo de las suyas
en su interior;
subiendo y bajando la marea
idas y venidas
en su corazón. 

Rayos de sol
y amasijos de sabanas
se vuelven su refugio
ante el miedo de ilusiones vanas
desvanecidas entre alientos 
y suspiros de despedida. 

Un adiós que nunca termina,
direcciones paralelas
con deseos entrecruzados. 
Ilusiones que se apagan
y vuelven a convertirse
en cenizas. 

Para renacer de las mismas
como un ave fénix,
candentes e insaciables,
altamente inflamables. 


Prendiendo al primer
suspiro de ella,
al primer guiño
de él,
al primer encuentro
de ellos. 
Chispas,
y vuelve de nuevo
a comenzar
la batalla. 

Eterno bucle de infinitas llamas
que nunca terminará
a mientras ambos quieran
se volverán a encontrar. 
Y a separar. 


Y a quemarse
y a exhalar el humo
cuerpo a cuerpo. 
Volverán. 


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