miércoles, 29 de enero de 2014

Wish you were here.

Ojalá estuvieses aquí, conmigo, con tu brazo por encima de mi hombro y yo con la cabeza sobre tu pecho.
Dándome calor, ese que necesito tanto en estas noches de frío.

¿Recuerdas cuando decías que estaríamos juntos siempre?
Yo sí;
aún escucho tu voz en mi cabeza diciéndome "te lo prometo".

Y ahora míranos, cada uno por su lado y esas promesas volando entre las hojas caídas este otoño, dejándose llevar por la suave brisa que las mantiene a flote.

Eso es, me mantenías a flote.
Yo navegaba a la deriva y viniste justo cuando me estaba ahogando, para salvarme del caos de mi alma y mi mente, para ayudarme a sobrevivir un poco más.

Y ahora que no estás no sé como seguir adelante, porque cariño,


te fuiste sin enseñarme a nadar.

lunes, 27 de enero de 2014

Invierno hasta el último día de verano.

Qué frío y eterno se me hace últimamente el invierno.
Un invierno sin fin, pero que tampoco quiero que acabe.

Un frío que me agrieta los labios,
me quema las manos sin guantes,
hace que resguarde la piel descubierta bajo el abrigo.
Pasos de gigantes para alguien no tan grande, que solo busca refugiarse de la brisa que me congela la nariz.

Sólo quiero que amanezca antes,
que la noche se limite a eso, a ser noche, y no a hacerme madrugar para ir a clase cuando aún ni el sol está despierto.
Sólo quiero un cálido abrazo de los brazos de alguien que obligue a mi cuerpo a echar el frío fuera de mí, y que sólo deje primavera en mi alma.
Sólo quiero que florezcan las flores,
que pueda ir a leer a un parque sin morir de hipotermia, o mojada bajo la lluvia.


Sólo quiero que mi vida deje de ser invernal, y sea cálida como un veinte de marzo, como un equinoccio de primavera,
donde todo se vuelve menos gris, y más dulce.

sábado, 25 de enero de 2014

Amore, amata, perduta (or vinto).

Todo vale en la guerra y el amor, pero ¿fue amor lo que sentimos?
Más lucha que cariño teníamos entre nosotros, y aún conservamos parte de esa batalla, alma contra alma, piel contra piel, amor contra ¿amor?

Yo creo (y puedo asegurarlo), que existen dos tipos de amor.

El amor pasional, desenfrenado;
ese amor que acaba desgastando los cuerpos y almas de tanto usarlo;
ese amor que una vez que lo sientes, no dejas de sentirlo.
Ni la muerte te quita ese sentimiento del corazón.

El amor ardiente, que quema con solo rozar los labios.
El amor que transmite calor con solo ver a los amantes de la mano.
El amor que quise sentir por ti y no pude.

Y el otro tipo, caso, variante, cómo queráis llamarlo.
El amor, que más que amor, es cariño, aprecio, respeto;
ese amor que sientes por lo maravillosa que es la otra persona;
ese amor que dura hasta la eternidad.

Ese que sientes como reflejo del verdadero y puro amor que siente la otra persona por ti.
Como el que tú sentías por mí, y al que no pude corresponder.


Dicen que en todas las parejas siempre hay uno de los dos que quiere más, cuyo amor por la otra persona compensa todos los fallos y defectos de ambos.
Cuyo amor une a los dos.

Juro que habría dado lo que fuese por ser esa persona,
por quererte como tú me querías,
por hacerte tan feliz como tú me hacías.

Es como en las películas, esa persona con la que me pasaría la vida, pero que no termina de llenar ese hueco que el corazón necesita que llenen.


Y por eso rompimos (o romperemos, qué más da; pasado, presente, futuro, la vida).

martes, 21 de enero de 2014

Destinados a no ser, y aún así fuimos.

Sentados uno frente al otro.
Miradas que esconden lágrimas,
puñetazos a la pared de pura rabia,
corazonadas que no nos llevaron a ninguna parte.
Altas expectativas de algo que nos quedaba grande.

¿Empezamos antes de tiempo?
¿Fue ese nuestro error?

Quizá es que simplemente estábamos destinados a no ser, y por cambiar ese destino no paramos de hacernos trizas.
Quizá mis dudas desafían al amor que sentimos.

Está claro, la culpa es mía.
Pero mi indecisión no sólo te hiere a ti.


A mí me mata.

lunes, 20 de enero de 2014

Dicen.

Dicen que cuando una puerta se cierra, se abre una ventana.

¿Quién fue el gilipollas al que se le ocurrió semejante estupidez?

Porque hasta donde yo sé, tú pegaste un portazo, y de las ventanas ya me encargué yo;
porque lo único que no podías quedarte era mi soledad.
Porque ya te llevaste bastante,


¿o acaso mi corazón te parece poco?

domingo, 19 de enero de 2014

Otoño.

Qué bonito es tener esperanza, y qué difícil es mantenerla viva.

Cuando todo se derrumba.
Cuando piensas que de esta no sales entera, porque duele hasta respirar.
Eres tú el único que me hace querer seguir aquí, seguir luchando.

Pero qué complicado es continuar adelante sin ti a mi lado, sin tu aliento en mi cuello, sin tus caricias en mi espalda.

Más quisiera yo poder ver el mundo desde tu cama, porque desde allí todo es más bonito, menos real.
El invierno es más cálido,
la lluvia es más limpia,
el verano es ilusión,
y las hojas del otoño caen suaves y sin prisa.

Igual que tú, que caíste en mi vida así como quien no quiere la cosa, de un día para otro.


Qué casualidad que yo también te llame otoño.

Condenas con nombre.

Y como una novela de esas baratas, donde los amantes se quieren a más no poder, pero el orgullo les impide estar juntos.

Quizá fue eso, el orgullo, el pensar que no era suficiente para ti.

Saber que ahora me he equivocado ha hecho que te conviertas en una condena tan pesada que no puedo llevarla más tiempo.
Eres como la cadena que los reos llevan atada a los tobillos, sólo que yo la llevo en el pecho, ahogando a mi corazón, que cada vez late con menos fuerza.

Y dime, qué narices hago yo ahora, cuando tú, mi cadena, atas también a otra persona, pero de la mano, como enamorados (como nosotros antes).
Y dime, qué narices hago yo ahora, cuando me he dado cuenta del error que cometí dejándote volar, cual pájaro al salir del nido.

Porque quisiste entrar en mi corazón, y yo no te dejé; y ahora sin quererlo, te has colado de noche, sin que nadie se entere, y no hay forma de hacerte salir de ese mar de telarañas.

sábado, 11 de enero de 2014

La perfección hecha sofá.

Silencio.

Sólo el rugido de tu pecho, inspirando y expirando.
Mi cabeza sobre él, sube y baja al ritmo de tu respiración, siguiendo el vaivén de tu cuerpo.
Mi mano acariciando tu cuello, tu hombro, tu brazo.

Enterrados en cojines y el humo de un cigarro que nos fumamos a medias.

Risas sordas, calladas con besos, con orgasmos.

Tu pelo enredado en mis dedos, deslizándose como las hojas que caen muertas en otoño, sólo que nosotros estamos más vivos que nunca.
Piernas entrelazadas, acabando con cualquier posibilidad de escape, uniéndonos, haciéndonos uno.

Tu mano en mi espalda, que ahora es un cielo plagado de constelaciones limitadas por mis lunares.

Déjate de borradores, escribe directamente sobre mi piel, sin miedo a equivocarte, sin miedo a fallar.

Mañanas, tardes, noches en el sofá.
En un sofá cualquiera que ahora ya no es cualquiera.
Es nuestro.
Ese diván que hacemos parte de nosotros.
Ese trasto que ahora es un baúl de recuerdos.
De momentos vividos contigo, de jadeos que mordiscos en el cuello producen, de tu olor y el mío, de mi alma y la tuya.


La perfección hecha (por ti, por mí, por nosotros) sofá.

jueves, 9 de enero de 2014

Mala suerte me llaman.

Gatos negros, escaleras que esquivar, espejos rotos, viernes trece.

La mala suerte llegó, conmigo.
Como un gato negro que se cruza en tu vida, una escaleras por la que al final acabas pasando debajo, un viernes trece sin salir de casa, espejos que se rompen en mil pedazos.

Mala suerte me llaman, vestida de negro, con labios carmín y muchos errores en los bolsillos.

No dejes que lo haga, no te adentres en mi mundo condenado a un viernes trece eterno, diversión de los mayores, terror de los pequeños.
Conjunto de oportunidades desaprovechadas, de idas y venidas del destino, de olvidos del ayer.

O enamórame, condénate, fúmate un cigarro conmigo asomados a la ventana de esta habitación, mientras la gente busca su momento perfecto; perdiendo el tiempo.
Prefiero perder el tiempo equivocándome, que perderlo esperando a acertar.

Calles sin salida, carteles de prohibido a lo largo de mi cuerpo.
Sáltate las normas, locuras sin nombre, amor desenfrenado.
Pasión en nuestros ojos, en mis dedos, en tu espalda, en mi cuello.
Carmín en las paredes de tu cuarto, en las sábanas de tu cama que ahora convertimos en nuestra.
Tu olor en mi almohada, o tuya, qué más da.
Piel con piel, almas unidas, dos personas enfrentadas pasando a ser una.
Calcetines en el suelo, desemparejados, viviendo un sueño sin límites.
Peligro en las curvas de mi cintura, accidentes al chocar nuestros labios.
Oscuridad iluminada con tu risa, con mis caricias en tu pecho, con jadeos que no cesan, y que no quiero que cesen.

Cambiemos el destino, el rumbo de los pájaros en invierno, retrasemos el amanecer que a punto llega.
Vivamos nuestra vida, como los gatos negros, las escaleras que esquivar, los espejos hecho añicos.

Vivamos nuestro viernes trece, mala suerte.

miércoles, 8 de enero de 2014

Esa cama tuya en la que me maté.

Ambos sabíamos que esto pasaría, lo veíamos venir incluso antes de empezar, pero joder, no iba a quedarme sin intentarlo.
Y ahora entiendo que tú no quisieras ni mirarme sintiendo lo que sentías.
Para qué engañarnos, la cosa no salió bien; la vida no sale bien, el amor no sale bien.

¿Qué mentira es esa de que el tiempo todo lo cura?
Aún estoy esperando que venga y sane las heridas que me dejaste al marcharte.

No soy yo la que más te extraña; mi cama, mis sábanas, mis pies fríos buscando los tuyos, mi piel a falta de tus caricias, mis labios sedientos de los tuyos.

Qué pasó, ¿eh? Dime.
Eras tú el que me prometía el cielo, pero sin embargo te largaste y me quedé aquí comiéndome el suelo.


Morir en vida, sí.
Quererte fue un suicidio, del que conseguí salvarme (o eso creo).

Bienvenidos a mi tormenta sin calma.

Café para dos.
Y un paquete de Chesterfield para mí. Ah, no, que ya no fumo (mentira).

Propósitos de año nuevo que sólo sirven para ilusionarnos con un futuro que acaba convirtiéndose en el mismo presente que vivimos hoy.
¿Será que eso de guardar la esperanza es sólo una pérdida de tiempo?
No lo sé; pero yo sigo esperando a que vuelvas, o vengas, o qué más da; pero que te quedes conmigo.
Un abrazo cálido en este frío invierno.

Susurros que se escapan de los labios de unos amantes que no pueden evitar matarse de amor.
Tanto que decimos odiarlo, pero es el sentimiento que maneja nuestra vida, y es el más expresado con palabras, imágenes, música.

Y de esto irá todo este rollo del blog; porque mis palabras ya no podía esconderse más en las notas de un móvil que nadie sabe donde está.
Espero que os guste, y sino, bueno, me da igual.