jueves, 9 de enero de 2014

Mala suerte me llaman.

Gatos negros, escaleras que esquivar, espejos rotos, viernes trece.

La mala suerte llegó, conmigo.
Como un gato negro que se cruza en tu vida, una escaleras por la que al final acabas pasando debajo, un viernes trece sin salir de casa, espejos que se rompen en mil pedazos.

Mala suerte me llaman, vestida de negro, con labios carmín y muchos errores en los bolsillos.

No dejes que lo haga, no te adentres en mi mundo condenado a un viernes trece eterno, diversión de los mayores, terror de los pequeños.
Conjunto de oportunidades desaprovechadas, de idas y venidas del destino, de olvidos del ayer.

O enamórame, condénate, fúmate un cigarro conmigo asomados a la ventana de esta habitación, mientras la gente busca su momento perfecto; perdiendo el tiempo.
Prefiero perder el tiempo equivocándome, que perderlo esperando a acertar.

Calles sin salida, carteles de prohibido a lo largo de mi cuerpo.
Sáltate las normas, locuras sin nombre, amor desenfrenado.
Pasión en nuestros ojos, en mis dedos, en tu espalda, en mi cuello.
Carmín en las paredes de tu cuarto, en las sábanas de tu cama que ahora convertimos en nuestra.
Tu olor en mi almohada, o tuya, qué más da.
Piel con piel, almas unidas, dos personas enfrentadas pasando a ser una.
Calcetines en el suelo, desemparejados, viviendo un sueño sin límites.
Peligro en las curvas de mi cintura, accidentes al chocar nuestros labios.
Oscuridad iluminada con tu risa, con mis caricias en tu pecho, con jadeos que no cesan, y que no quiero que cesen.

Cambiemos el destino, el rumbo de los pájaros en invierno, retrasemos el amanecer que a punto llega.
Vivamos nuestra vida, como los gatos negros, las escaleras que esquivar, los espejos hecho añicos.

Vivamos nuestro viernes trece, mala suerte.

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