Ambos sabíamos que esto pasaría, lo veíamos venir incluso antes de empezar, pero joder, no iba a quedarme sin intentarlo.
Y ahora entiendo que tú no quisieras ni mirarme sintiendo lo que sentías.
Para qué engañarnos, la cosa no salió bien; la vida no sale bien, el amor no sale bien.
¿Qué mentira es esa de que el tiempo todo lo cura?
Aún estoy esperando que venga y sane las heridas que me dejaste al marcharte.
No soy yo la que más te extraña; mi cama, mis sábanas, mis pies fríos buscando los tuyos, mi piel a falta de tus caricias, mis labios sedientos de los tuyos.
Qué pasó, ¿eh? Dime.
Eras tú el que me prometía el cielo, pero sin embargo te largaste y me quedé aquí comiéndome el suelo.
Morir en vida, sí.
Quererte fue un suicidio, del que conseguí salvarme (o eso creo).
El amor, un arma de doble filo; eso que a primeras nos salva y tarde o temprano termina por matarnos. Nos consume hasta el punto de convertirnos en propias cenizas, las mismas que fueron alas en su momento y que ahora solo son carne muerta tras ser devorada.
ResponderEliminarTus palabras son tan entrañables como bonitas; algo así como la vida, como el querer.