Ojalá estuvieses aquí, conmigo, con tu brazo por encima de mi hombro y yo con la cabeza sobre tu pecho.
Dándome calor, ese que necesito tanto en estas noches de frío.
¿Recuerdas cuando decías que estaríamos juntos siempre?
Yo sí;
aún escucho tu voz en mi cabeza diciéndome "te lo prometo".
Y ahora míranos, cada uno por su lado y esas promesas volando entre las hojas caídas este otoño, dejándose llevar por la suave brisa que las mantiene a flote.
Eso es, me mantenías a flote.
Yo navegaba a la deriva y viniste justo cuando me estaba ahogando, para salvarme del caos de mi alma y mi mente, para ayudarme a sobrevivir un poco más.
Y ahora que no estás no sé como seguir adelante, porque cariño,
te fuiste sin enseñarme a nadar.
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