Tú, que con tus manos hiciste de la nada un universo. Que con tu boca soplaste creando el viento y de tus lágrimas está la lluvia hecha.
Tú, que de su costilla formaste un cuerpo en el que ya no quiero estar.
Tú, a quien tantas oraciones dedico sin hallar más respuesta que tropiezos.
Y desde ahí arriba solo miras y pides rezos.
Y desde aquí abajo te digo, que me lleves contigo a ese paraíso del que tanto hablan los que te conocen.
Rodeado de riqueza, con poder hasta en el nombre, omnipresencia pero sigo sin verte.
Y te rezo, y te pido clemencia, quizá un golpe de suerte me ponga en mi lugar. Te equivocaste, y lo sabes, porque tú lo sabes todo.
Te siento lejos y de nada sirven mis plegarias.
Perdóname, porque no sé lo que hago. Esta es la última cena y ni si quiera tengo hambre.
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