jueves, 12 de junio de 2014

Allá donde nacen las tormentas.

Algún día me encontrarás intentando capturar un rallo de luz en un bote de cristal.
Y conseguiré un arcoíris sobre las sábanas que intentas aplacar, porque de tanto tiempo enjauladas estás desatadas.
El oleaje no hay quién lo calme ni aún pasando la tormenta.
Aunque a mí me gustan las tormentas.
Inundan la noche con sus rugidos para después mostrarte el día con un par de relámpagos a lo lejos.

Tan cerca, y a la vez tan inalcanzable.
Tan húmeda y seca.
Tan fría y cálida.
Tan radiante y oscura.
Tan tormenta.
Arrasa con la ciudad mientras le canta una nana y la limpia de indeseables.

Es bonito verla desde la ventana, con un cigarro consumido en las manos, sintiendo las gotas que el viento empuja contra los cristales.
Y el viento que habita en ti se convierte en huracán, intentando vencer la guerra que hay fuera.
Pero que sabe no ganará.

Siempre suena el trueno antes de ver el relámpago, por eso te enamoras sin presentir la ceguera con la que acabará roto tu corazón.

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