que me dejes marchar,
porque yo
ya no quiero
morir en tus esquinas,
no quiero ser contigo.
Olvídate de aquél mañana que prometimos
juntos;
sólo quedan cenizas
de aquél fuego que fuimos
y arde en mí.
Ha soplado el viento,
ya ni siquiera restan las cenizas
de los orgasmos
melódicos
de nuestra vida anterior.
Se lo llevó todo
los recuerdos,
las caricias;
ni nuestro aliento vive
porque dejamos de vivir
al separar nuestros cuerpos.
Pero mejor así,
olvidados los vestigios del ayer,
los caminos separados
se preparan para caminar
opuestos.
Aunque nunca pensamos
que los opuestos se atraen
y que
nuestro encuentro
era inevitable.
Texto escrito a medias con Allana (conócela aquí)
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