Me reconcilié con mi voz
y ahora
temerosa
no se atreve a salir.
Dice que está sangrando,
que arrasaron con ella a cada orden
que derrumbaron su intención
y descompusieron su objetivo,
que no era otro
que coser palabras al aire
y rogar por un oído
que las acogiera en su regazo.
Y la abrazo
y la mezo con la esperanza
de que recobre su valía
y retome el poder que siempre calzaba.
A quien azotó con vendavales
y destrozó su melodía.
A quien corrió a su favor
y resultó estar en contra.
A quien vio oposición
entre la dulzura de sus cuerdas
las cuales han desistido
y en lugar de hacer música hacen un nudo
y se ahogan
y se cuelgan de aullidos
que sólo la noche refugia.
A quien temió ser vencido
por unas palabras bien dichas
o quien denunció hipocresía
cuando llevaba la mentira colgada de los carillos.
A quien luchó por alzarse
y acabó hundiendo mi voz.
Me siento sirena
sin pirata al que hacer encallar
como mar sin tempestad o tormenta sin calma.
Como herida sin sutura
o sangre sin saliva.
Quiero mi voz
y la haré salir
con más auge que nunca
amotinada contra quien quiso erguir un imperio
sobre ella
para convertirla en ruinas.
Sublevada
y coronándose reina de pleitos
querellas y disputas.
Sal, mi voz,
aún quedan muchos muros que deconstruir
y palabras que gritar.
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