sábado, 19 de marzo de 2016

Verdad y atrevimiento.

Sé que si pudiese
vociferaría a los cuatro
cinco
infinitos
vientos
lo mucho que anhelo
desahuciar este refugio que me enclaustra
y cuyas paredes
no oso romper.

Es complejo
el puzzle incrustado en las pupilas
de quien ahora me mira
y me grita
que salte
y arrastre conmigo todo ese pesar
que guarda el cielo
al que vine a nacer.
Pero aquí no hay dioses
ni nubes ni descanso.
Hay temor, dudas, asaltos
en mitad del sosiego que dicen
respirar todos.
Y se asfixian con ese óxido
amargo y cruel que amenaza con regalarles una felicidad maldita
y tan falsa,
que ni ellos se creen.

Y miro el abismo y quiero saltar,
juro que no es el miedo lo que me atrapa.
Es el vacío de este hueco con el que me muevo
el hastío de la incontinencia sanguínea
el abrazo del destierro más repudiado
el llanto de unas manos que tanto mecieron mi gloria
y que ahora
me ven perecer
arrinconada por doctrinas erguidas por mi boca
y mi lengua y mis desquicios
mi ello impulsivo y animal.


Sé que si pudiese
haría de la inmortalidad un sueño
pero
por ahora
prefiero la eternidad dormida
la tregua pausada.
La calma
de saltar con toda una vida
colgando de marcos.
La calma
de saltar sin timidez
sonrojada por el pánico
vencido.
La calma
de saltar;
y salto.

miércoles, 9 de marzo de 2016

Vocablo cardinal.

Me reconcilié con mi voz
y ahora
temerosa
no se atreve a salir.
Dice que está sangrando,
que arrasaron con ella a cada orden
que derrumbaron su intención
y descompusieron su objetivo,
que no era otro
que coser palabras al aire
y rogar por un oído
que las acogiera en su regazo.
Y la abrazo
y la mezo con la esperanza
de que recobre su valía
y retome el poder que siempre calzaba.

A quien azotó con vendavales
y destrozó su melodía.
A quien corrió a su favor
y resultó estar en contra.
A quien vio oposición
entre la dulzura de sus cuerdas
las cuales han desistido
y en lugar de hacer música hacen un nudo
y se ahogan
y se cuelgan de aullidos
que sólo la noche refugia.
A quien temió ser vencido
por unas palabras bien dichas
o quien denunció hipocresía
cuando llevaba la mentira colgada de los carillos.
A quien luchó por alzarse
y acabó hundiendo mi voz.

Me siento sirena
sin pirata al que hacer encallar
como mar sin tempestad o tormenta sin calma.
Como herida sin sutura
o sangre sin saliva.

Quiero mi voz
y la haré salir
con más auge que nunca
amotinada contra quien quiso erguir un imperio
sobre ella
para convertirla en ruinas.
Sublevada
y coronándose reina de pleitos
querellas y disputas.
Sal, mi voz,
aún quedan muchos muros que deconstruir
y palabras que gritar.

domingo, 28 de febrero de 2016

Alimaña y profecía.

La boca del lobo es toda mía.
Me quedo aquí a vivir.
Mira, he plantado arboles y las flores comienzan a nacer.

Ya están marchitas,
el placer de florecer les ha cansado
no quieren saber de lujuria,
ni de correrse,
ni de gritar entre espasmos.

Son flores
marchitas.

Y yo vivo en la boca del lobo,
y hundo mis manos en la tierra que habito
y me empapo del calor que los gritos
desprenden
y llueven mensajes acuchilladores
que penetran mi epidermis
y atraviesan mi carne.

Soy el pecado que nunca quisiste cometer,
y me cometo sola,
y rezo al dios en el que todos creen
y bailo entre esqueletos con vida que respiran
y juran profesar esas lecciones que regalan con suspiros.
La justicia y la envidia van de la mano,
gloriosas embaucadoras
plagadas de poder.
Yo las vi nacer,
entre mis azucenas y margaritas
en el jardín del edén,
ese que ahora está entre mis piernas
listo para salir ardiendo y envejecer
hasta que el último hálito,
el aliento de este lobo
que me cedió su boca y su saliva
y sus garras y sus heridas
decida
perecer
y yo,
entre muerte y espanto,
alegría y santos,
volveré a buscar un lobo
o un águila o una serpiente
y seré pico, pluma y espada
veneno y colmillo.

La inmortalidad de quién no vive,
mas te hace renacer.

martes, 23 de febrero de 2016

Dame la libertad o dame la muerte.

Me despellejo el cerebro y ahondo en todo lo que escondo
entre nervios,
           arterias
            venas.
Tengo quemados los lóbulos frontales
y he desaprendido el autocontrol.

Mi líquido cefalorraquídeo sabe a muerte,
el neocórtex ya no piensa
                                         ni es superior.

Qué más da si funciona
o se limita a parpadear
impulsos
hacia cavidades vanas
frías
heladas.
No muevo ni un músculo,
los huesos se me han roto
y esparcen sus astillas por mis órganos.
Mira cómo atraviesan
mis pulmones
negros, perfumados con tabaco
y aire rancio.

Se me alienan las raíces
y mi origen se inmola.
¿Sigo aquí,
soy realmente mi cuerpo?
¿Y mi mente?
No quiero ser tanto,
quiero ser menos
que nada
y despistar
a mi sombra.

Nací para ser libre
para dar cabida a aquello
que en ningún lugar cabe.
Osada
insolente
cínica
impertinente.


Dame la libertad
o dame la muerte.



domingo, 21 de febrero de 2016

Antítesis.

Tengo un dilema entre la espada y la pared.
Si te olvido
si te pienso.
Si me aproximo
si me alejo.
Todo me llevará al desastre.

Te miro y me sorprendo
pensando en mi cuerpo
roto y recompuesto por tus manos.
Eres el antídoto más siniestro,
tenebroso y maldito
que jamás me atreví a probar.

Lobo con piel de cordero
que asientes, pero no sientes
todo lo que,
hace minutos,
llevabas dentro.

Me asusta creer
que eres más serpiente que lobo
escurridiza y rastrera
besándome unos pies con los que
no querías pasear.
Sólo pretendías alimentar
tu ansia de poder
tu deseo carnal.
Nada de querer,
ahora
todo es olvidar
y abrazar
lo que ayer fue tuyo
inmerecedor de caricias y sinceridad,
lo que hoy es mío
y que voy a guardar
bajo mil candados
hasta que de mis venas
sean inmunes
al veneno
que llevas colgando
de los labios.

sábado, 20 de febrero de 2016

Renacer, cansa.

Pensaste que construyendo un avión de papel echaríamos a volar.
Plantaste semillas en mi piel: ahora están a punto de estallar en pétalos deformes con colores brillantes y huelen a despedida.
Me tatué a fuego todo aquello que era contigo, y menos mal; mirarme no duele sabiendo que
tus manos
fueron pioneras explorando mis inseguridades
y les dio igual.

Camino por la calle y me faltan pasos que borrar. La inmensidad de la ciudad se desvanece
y se hace minúscula;
sólo quedamos
nosotros,
y un par de besos de cristal.
Tan frágiles que se han roto,
y han clavado sus puñales en mis labios
y pincho
y corto,
pero tú no vuelves a sanar
        tú te has ido a construir aviones de papel
con otra piel
que no grite con el roce de tus manos
que no tiemble con la desnudez.

Aún me quedan los latigazos del corazón
cada vez que late
a un ritmo nuevo.

BUM.
Exploto.
Y nazco con otros ojos
en los que reflejar los miedos
de aquél que se atreva a cruzar el umbral
de mis piernas.

miércoles, 25 de noviembre de 2015

Ellos, como las golondrinas, siempre regresan.

Retomo el blog con este poema a manos de @Gatoriginal (cursiva) y yo; haciendo arte, con ayuda de un artista. Gracias por colaborar, chico. 
Pasaros por su perfil de twitter, escribe tan bonito que yo aún intento recuperarme de ese primer flechazo que tuve por sus letras. 

Y deciros que sí, sigo viva, con más rimas que nunca. Que empiece la revolución. 


Ella,
tan fría, sola y evasiva. 
Ella,
tan triste, bella y adictiva.

Él,
en busca de calor,
de una nueva droga de la que
depender.

Ellos,
ambos corazones con heridas
los dos buscando cicatrizar
sus almas descosidas. 

Perdidos
desorientados
sin norte,
sin necesidad de encontrarlo. 
Unidos, por la casuística
de un satélite sin órbita
cruzando
sus espacios. 

Y separados por el fino canto
que une las dos caras de una moneda. 
Conscientes, impasibles, invisibles,
inalcanzables. 

El hilo que nadie se atreve a cortar
la tensión estable
que desequilibra ambos
cuerpos
ansiosos
por colisionar. 

Él, fuego que llama su atención. 
Ella, con su frío intenso y desolador. 
Condenados a matarse en su unión,
asesinos de su misma condición. 

Silenciosos corderos
lobos hambrientos
en este paraje
que son sus vidas. 
Tanto caos,
tanta pasión;
se besan
y estalla
la guerra. 

Se odian y se aman.
Su lujuria se combina con amor. 
Se dejan marcas en la espalda. 
A ratos mal, después peor. 
Saboreando en sus besos algo mejor. 

La ropa a pedazos
se olvidan del dolor. 
Son uno en la cama,
el cielo y el infierno
hecho personas. 

Y pasan las horas
y el mundo se activa,
al otro lado de la ventana
ya clarea el día. 

Mas la noche
la llevan por dentro. 
Estrellas en sus ojos,
y la luna
haciendo de las suyas
en su interior;
subiendo y bajando la marea
idas y venidas
en su corazón. 

Rayos de sol
y amasijos de sabanas
se vuelven su refugio
ante el miedo de ilusiones vanas
desvanecidas entre alientos 
y suspiros de despedida. 

Un adiós que nunca termina,
direcciones paralelas
con deseos entrecruzados. 
Ilusiones que se apagan
y vuelven a convertirse
en cenizas. 

Para renacer de las mismas
como un ave fénix,
candentes e insaciables,
altamente inflamables. 


Prendiendo al primer
suspiro de ella,
al primer guiño
de él,
al primer encuentro
de ellos. 
Chispas,
y vuelve de nuevo
a comenzar
la batalla. 

Eterno bucle de infinitas llamas
que nunca terminará
a mientras ambos quieran
se volverán a encontrar. 
Y a separar. 


Y a quemarse
y a exhalar el humo
cuerpo a cuerpo. 
Volverán.