jueves, 6 de febrero de 2014

Susurros.

Siempre creí en los susurros, en susurrar.

Frases muy cortas en momentos puntuales.
Un "te quiero" oculto en el cuello de alguien.
Un "nunca te olvidaré" que acabaron olvidando.
Un "sigue... sigue..." perdido en las sábanas de alguna cama.

Pero en la vida hay poco espacio para los susurros.
El volumen está demasiado alto para escucharlos, para admirarlos, para sentirlos.

Por eso dejé de susurrar.
Dejé de susurrar al oído.
Dejé de susurrar entre risa y risa.
Dejé de susurrar cuando todo estaba en silencio.

Y ahora, vivo sumida en el espacio que existe entre no decir nada, o decirlo todo.
Aunque sigo creyendo en la potencia que tiene susurrar a la luz de la luna, o a pleno día.


Siempre creí en los susurros, en susurrar.

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