sábado, 17 de mayo de 2014

No habíamos decidido qué comer y ya pedías la cuenta.

Casi me tiro por el precipicio que eran tus promesas. Saltos al vacío con los ojos vendados, con la idea de que me impidieses hacerlo tres segundos antes del saltar;
pero ni me habías visto.

Sonríes, y el mundo parece apretarme en su puño, haciendo de mí sólo corazón, dolorido por las caídas, pero corazón al fin y al cabo.
La última vez que juego contigo, aunque ni yo me lo creo;
no hay quién dimita en tus tratos con el azar.

A ver quién es el valiente que le dice a mi alma que tú y yo hemos roto.
Está cabreada conmigo, ya no me escucha.
De tantas veces chocarse con el destino, se ha enamorado.


Puede que no tenga sentido, pero no le hace falta para tenerlo.
¿Café?

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