sábado, 24 de mayo de 2014

¿Qué hora es? Mi tiempo se ha parado al verte pasar.

Los truenos interrumpían el descanso de una voz que no dormía, sólo callaba las penas de un corazón sin nombre.
Nombre que le habían robado junto con el amor que le hacía latir, y si vivía era para mantener el cuerpo en pie.
Amor anónimo destinado a un futuro ahogado en las lágrimas derramadas en cualquier bar.
El mismo bar donde nacían las ilusiones y los sueños de una vida sin temores, donde ahora los rencores no dejan paso a la esperanza.
Cafés que se enfrían mientras un escritor de canciones sin música busca sentido en el fondo de una botella de ron.

Cómo llueve.
Se ralentiza el tiempo.
Las horas pasan y mi segundero sigue muerto.
Un reloj que no marca el momento, sino la vía por donde escapar del desconcierto.

Solitarios caminos ocupados por cartas sin destinatarios, 
perdidas en un mar de pensamiento. 

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